¡ALERTA! sobre el uso indiscriminado de la FALACIA en el discurso gubernamental (PARTE 2/3)

Hoy, en el Paraguay, es necesario reflexionar sistemáticamente sobre el uso de la “FALACIA” en el discurso público, especialmente, para justificar medidas políticas que se contradicen con la trayectoria personal del que hoy ocupa el «cargo» o que no está de acuerdo con la «imagen corporativa partidaria» que se puso en la vitrina mediática durante la campaña electoral 2023. Igualmente es importante plantear en cuánto contribuye la rutinización de la “FALACIA” al afianzamiento de un modelo autocrático de copamiento de los tres poderes de la República.

Redactado por @MiradasPedagogicas.Py470_606 | 1-noviembre-2023

Conceptos Claves: Autocracia – Comunicación – Discurso – Falacia – Política

CONTINUACIÓN de “¡ALERTA! sobre el uso indiscriminado de la FALACIA en el discurso gubernamental (PARTE 1/3)”

2. Razones, contextos e hipótesis sobre este ¡ALERTA FALACIA!

2.1. Contexto

Esta reflexión sobre la FALACIA se da en un Paraguay inmerso en un 2023 electoral, ciclo que incluye los meses de campaña, la jornada de sufragio, el momento en que asumen las nuevas autoridades y los primeros 100 días de gobierno[1].

Así, esta es una época en que se constata una mayor exposición mediática de los políticos, funcionarios públicos y líderes sociales; por lo cual es el momento en que la ciudadanía tiene la oportunidad de prestarle atención a aquellos que se proponen como sus representantes y como los que, desde las instituciones de la República, asumen la responsabilidad de garantizarles sus Derechos, el desarrollo del país y el cumplimiento de los mandatos constitucionales.

En pocas palabras, toda FALACIA responde a hechos concretos o quiere influir en un contexto, no se trata de un «argumentar abstracto», por lo tanto, para comprender, detectar y reaccionar ante las «falacias» se debe mirar críticamente el contexto.

2.2. Significancia

Conceptualmente, este periodo -pre y pos electoral- es muy significativo para la convivencia democracia ya que, es la oportunidad que tiene el especialista y el ciudadano de a pie para escuchar o leer y analizar los «contenidos discursivos» que se ofrecen en disertaciones, paneles, debates, entrevistas, conferencias y actos. Esta cadena de sucesos de la vida democrática paraguaya permite tener contacto, de primera mano, tanto con las ideas, conceptos y argumentos como con las emociones, formas de vincularse y manifestaciones corporales que forman parte de los mensajes que circulan durante los periodos electorales[2].

A esto se debe sumar que, en países como el Paraguay, donde el sistema es marcadamente presidencialista, la renovación del ejecutivo tiene una singular trascendencia y, luego, a partir del momento en que asume la nueva administración, las manifestaciones públicas del presidente y, de sus ministros, son ampliamente publicitadas y difundidas mediáticamente, generando expectativas en términos de políticos e ideológicos[3].

Usando otros términos, estos son tiempos en que los políticos necesitan comunicarse con la gente y, por eso, están muy expuestos a la opinión pública, lo que los lleva a «hablar mucho» y, aunque están continuamente guionados por los «asesores de marketing», igual tienen que dar explicaciones y, este es el momento en que afloran la FALACIAS, ya sea como «cortina de humo» o como prueba de las «limitaciones de razonamiento» del que está frente a los micrófonos[4]. Todo esto hace que este tiempo sea muy significativo para trabajar las falacias de los discursos oficiales, siempre que se comprenda qué son las falacias y cómo funcionan.

2.3. Valor

Teóricamente, los contenidos discursivos, antes y durante las elecciones, sumado a las manifestaciones públicas que se dan a lo largo del primer año de gobierno, le debería ofrecer a la población, según su grado de interés y atención, elementos para el análisis, la contrastación, correlación, reflexión y crítica sobre lo que políticamente se dice, por qué se dice, cómo se dice y, fundamentalmente, cómo se pasa del «dicho al hecho» una vez que se alcanzó el poder[5].

Igualmente, tiene un gran valor para «sentir», en la piel ciudadana, cuánto de arraigados están ciertos valores, imaginarios, principios e identidades democráticas; es también, una oportunidad para ver cómo resuenan emocionalmente, en los interlocutores, los contenidos discursivos de los políticos[6].

El uso de la FALACIA en el discurso público impacta directamente en el afianzamiento o debilitamiento de los valores de participación y corresponsabilidad sobre los cuales se funda la idea del “People’s Empowerment from the People’s Perspective”[7] [la capacidad de empoderamiento del pueblo desde una perspectiva popular]. En este sentido, por ejemplo, si la expectativa ciudadana sobre la comunicación política no va más allá de que «suene bien» o que «no sea muy largo lo que se dice», colocando en un segundo o tercer lugar a «lo que se informa», implícitamente, se está dando vía libre al uso indiscriminado de la FALACIA y, en no mucho tiempo, dada la naturalización de la comunicación falaz, le va a ser difícil al ciudadano de a pie, distinguir lo real de lo ficticio en materia de discurso público.

2.4. Horizonte

Los contenidos discursivos, en los periodos eleccionarios y en el primer año de gobierno, tienen la intensión de movilizar a la gente en torno a aspiraciones y plataformas partidarias específicas, por lo tanto, lo que se dice no es neutro ni retórico, porque tiene el horizonte claro de alcanzar el poder. Dicho de otra forma, se comunica políticamente porque se quiere el voto de la gente para llegar al cargo y, una vez que se lo tiene, se desea confirmarles a los votantes que se va a “estar mejor” y se le pide a la gente que se «deje gobernar en paz» a los que han sido electos en las urnas.

Con este horizonte de poder, el contenido discursivo sólo busca convencer al elector y mantener tranquila a la ciudadanía, por lo cual el político o el funcionario no duda en recurrir tanto a la ideología o la tradición como al miedo o el heroísmo, pudiendo ser lo que se dice un dato de la realidad, un proyecto de país, una media verdad o, incluso, una mentira, porque todo vale y “ya luego veremos”, es decir, la FALACIA están en el horizonte de herramientas que usar para alcanzar el poder o sostener ese poder.

Entonces, el horizonte del contenido discursivo en las elecciones y, luego, ya en el gobierno, es alcanzar o mantener el poder, por lo tanto, ¿por qué no usar indiscriminadamente la «falacia» en la comunicación política?

En síntesis, con este horizonte de búsqueda y sostenimiento del poder, más allá de los principios democráticos y derechos ciudadanos, queda claro que políticos y funcionarios no se van a cuestionar mucho a la hora de usar y abusar de la FALACIA.

2.5. La FALACIA que entra por la ventana de la vida democrática

Esta imagen de una FALACIA que entra por la ventada de la vida democrática del Paraguay, resume muy bien las razones, contextos e hipótesis sobre el estado de ¡ALERTA FALACIA! que se ha presentado hasta aquí y, ahora, toca mirar más de cerca los modos de esta irrupción indiscriminada de las falacias en el discurso público del gobierno, ver cuándo la FALACIA se empodera discursivamente de la comunicación pública de la política y el gobierno.

2.5.a. Entra por la ventana “cuando hay que decir lo que haga falta”

Como ya se aclaró, en los periodos eleccionarios y en el primer año de gobierno, lo que se dice está orientado a conseguir o mantener el poder gubernamental, por lo cual, el «tono discursivo» se eleva y llega un momento en que «se dice lo que haga falta» para alcanzar la meta o defender la gestión.

Cuando se eleva «tono discursivo», consecuentemente, se genera un estado emocional «elevado». Ese tono emocional elevado de la política, por ejemplo, va desde el «tener miedo a perder» hasta el «dar miedo para no perder»; luego, ya en funciones, hay un «discurso ansioso» que busca reafirmar imaginarios tipo «la nuestra es la mejor gestión», «tenemos los mejores hombres y mujeres», «se está haciendo lo que nunca se hizo» y, desde luego, «se viene a solucionar el desastre que dejaron los anteriores».

Este imaginario colectivo y estas discursividades, no sólo responde a la política o a la búsqueda del poder por el poder de la corporación partidaria, sino, también, responde a la necesidad de los individuos de «convencerse a sí mismos» de que lo que ellos está diciendo, es lo que ellos piensan y «lo que es real y verdadero», por lo tanto, llegan al autoconvencimiento de que fuera del propio círculo endogámico de poder, sólo están aquellos que «no comprenden», que «no saben participar», que «no saben negociar» y que, por lo tanto, se «autoexcluyen» de las posibilidades de «estar mejor», por usar un eslogan que se puso de moda en el año 2023 y que pegó fuerte en la redes sociales.

2.5.b. Entra por la ventana “cuando los que representan «algo diferente» son más de lo mismo”

El punto anterior abre la puerta de la mirada «subjetivo», no razón de un cierto relativismo, sino como focalización de la reflexión en el «sujeto» y sus razones individuales para transitar por los senderos de la «falacia». Esta puerta, inicialmente, se abre como conjetura intuitiva, la cual, posiblemente, puede llegar a contradecir lo que una mayoría puede pensar sobre la relación discurso político / comunicación gubernamental – FALACIA.

Desde luego que parece más factible afirmar que «los políticos», como colectivo partidario, son los que están usando indiscriminadamente la falacia en la comunicación gubernamental actual y, esto, en gran medida, no deja de ser cierto. En esta perspectiva corporativa, se interpreta que aquellos que se encuentran frente a las cámaras, como parte de un engranaje mayor, dicen lo que dicen, porque están dispuesto a hacer lo que sea por apropiarse del «poder» y, desde luego, esto es correcto de presuponer.

Ahora bien, esta interpretación «corporativa» está expuesta a un riesgo de sesgo, por el cual lo «corporativo» pareciera eximirle al sujeto de toda responsabilidad personal, individual y subjetiva, a pesar que ese “X”, en un momento concreto y registrable, con su propia voz, está usando públicamente la FALACIA.

Entonces, además del contexto «corporativo» de la FALACIA, existe, también, la posibilidad, más existencial y egoísta, de un contexto de FALACIA integrado por los «técnicos», por «esos mejores» o por los «excedidos en afán de sobresalir»; es decir, hombres y mujeres que se «autoperciben» como aquellos sujetos que el Paraguay demanda, porque la patria lo necesita «específicamente» a él o a ella. Son personas que, en lo más íntimo de su ser, sienten que este es «su momento» o, incluso, hablan de tener «una labor histórica» para la cual sólo ellos o ellas son los «únicos» o las «únicas» que pueden realizar esta «monumental tarea». Desde luego que, en esta clasificación empírica, están esos paraguayos y paraguayas que aceptan el cargo porque «se lo han pedido los amigos» o porque están montados «sobre los hombros de su superego», personas que se autodefinen como «outsiders de la política», como profesionales de éxito que sólo aceptan ir a la función pública por amor al Paraguay. Estos, llegan a la FALACIA desde la convicción de que su lógica existencial es el parámetro de medida de los verdadero o falso, por lo tanto, parten de la premisa que tienen razón siempre y que el problema es que «los otros “aún” no comprenden».

Más allá de la ironía, cabe reconocer que estas figuras, voces y prácticas diferentes, son importantes para el fortalecimiento de la convivencia democrática, ya que permiten desarrollar alternativas, innovar y cambiar las prácticas de gobernanza, especialmente, aquellas vinculadas a ese status quo que ayuda a sostener el prebendarismo o la corrupción. Entonces, el comentario irónico anterior, está vinculado con la «desesperanza / decepción» que se genera cuando aquellos que, supuestamente, representan «algo diferente», al poco tiempo de estar «sentados en la silla» se vuelven más de lo mismo.

Asimismo, la referencia irónica sobre los «Outsider de la Política Partidaria» deja lugar a pensar que éstos no se dan cuenta y, es más, que realmente «no ven lo que pasa a su alrededor», lo cual es muy posible, si se considera que, al poco tiempo de estar ocupando un cargo gubernamental, estos «nuevos servidores públicos» se ven rodeados por los «comités de aplauso», los cuales refuerzan el imaginario de que «sos lo más» o «estas haciendo lo que nunca nadie ha hecho». A esto hay que sumar que, en las autocracias monolíticas, no le conviene al individuo outsider «darse cuenta de nada», porque los que «no tocan la misma tonada triunfante» están sujetos a que se les aplique el axioma peronista de “al amigo, todo; al enemigo, ni justicia”[8]

Como cierre de este ítem, cabe reafirmar la idea de que la política, la gobernanza, el país, necesita de gente capaz, diferente y profesional que se comprometa con los procesos de mejora de la calidad democrática del Paraguay; pero, estas personas que se suman para «hacer la diferencia», necesitan de una comunicación con la gente que sea clara, transparente, de ida y vuelta; porque, informar o rendir cuentas, no va por el lado de «justificarse» o «justificar al gobierno», sino de garantizarle a la ciudadanía su derecho constitucional a la información[9]. En este punto es donde la FALACIA es un “Caballo de Troya”[10], ya que se comienza a usar porque es fácil de usarla en un contexto como el paraguayo. Así, el outsider cree que sólo está haciendo «un poco más comprensible» este o aquel dato, luego alguien le pide que gane tiempo y que use su «capacidad de hablar lindo» o “de convencer porque habla en “técnico”». De esta forma, con el correr de unas pocas semanas, aquel o aquella que vino para significar el cambio, termina coaptado por la maquinaria falaz de la comunicación tradicional del Estado. Este paso de «hacer la diferencia» a «más de lo mismo» realmente le inflige un verdadero daño a la democracia paraguaya, porque transmuta el valor «compromiso con las necesidades del pueblo paraguayo» en una FALACIA.

2.5.c. Entra por la ventana “cuando los oradores y los discursos se vuelven líquidos”

En base a lo argumentado hasta aquí, parece claro que el discurso público, en los periodos eleccionarios y en el primer año de gobierno, tiende a ser más maleable, flexible, acomodable o, como diría Zygmunt Bauman, “líquido”[11]. Igualmente, los portadores del discurso, tanto los profesionales de la política como los rostros nuevos, llegan a un punto donde parecen ser absorbidos por el aparato y la lógica tradicional de la gestión estatal, mostrándose más permeables a «decir lo que haga falta» para alcanzar la meta o defender la gestión, más permeables al uso de la FALACIA.

Sin embargo, como ya se refirió, esa transición de lo «sólido a lo liquido» que opera el orador y su discurso, no sólo obedece a la inercia de la maquinaria partidaria que, corporativamente lucha por «más poder», sino que, también, tiene mucho que ver con sujetos que, con buena voluntad, en la mejor de las circunstancias, o por ego, en un porcentaje creciente de casos, comienzan a «difuminar» los limites entre la explicación de los hechos y la «FALACIA» como maquillaje de la realidad nacional.

Igualmente, este giro a lo líquido de oradores y discursos, está «licuando» la «percepción ciudadana», la cual hoy se ve como «embarullada», «liada» y «confundida» por tanta FALACIA. Falacias que se dan a nivel de discurso, pero también, en el ámbito de las conductas individuales y sectoriales; es como que «todo comienza a dar lo mismo», es como que «todos son más de lo mismo», es como que «todo suena a lo mismo» y, sin lugar a dudas, este contexto líquido es optimo para que la FALACIA siga siendo usada indiscriminadamente en el discurso público del Paraguay actual.

Observación

Estos ítems integran la PARTE 2 de un breve ensayo que se divide en tres entregas sucesivas. El texto completo se encuentra, en formato PDF, en el apartado “Biblioteca” de este Blog.

INVITACIÓN A SEGUIR PENSANDO JUNTOS

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[1] Cfr.: Unión Europea – Misión de Observación Electora (2023). Paraguay 2023. Informe final. Elecciones generales y departamentales. 30 de abril de 2023. Ed. Unión Europea

[2] Cfr.: Bovero, Michelangelo (2012). ¿Elecciones sin democracia? ¿Democracia sin elecciones? Sobre las formas de la participación política. https://biblioteca.corteidh.or.cr/tablas/r33916.pdf

[3] Cfr.: Zapata Ávila, Juan Guillermo (2017). Una perspectiva comprensiva para el análisis de los discursos políticos durante el Siglo XIX en Colombia. En: RICSH, Vol. 6, Nº 12, julio-diciembre, 2017 – https://www.redalyc.org/pdf/5039/503954320003.pdf

[4] Cfr.: Portillo-Fernández, Jesús (2018). El uso de falacias en la comunicación absurda. En: Logos, Revista de Lingüística, Filosofía y Literatura, Vol. 28, Nº 2, pp. 443 – 458

[5] Cfr.: Gutiérrez Morales, Irma Mariana (2012). Falacias en los discursos de los candidatos presidenciales en México. En: Revista Latinoamericana de Estudios del Discurso, Vol. 12, Nº 2, pp. 11 – 32

[6] Cfr.: Nussbaum, Martha (2014). Emociones políticas. ¿Por qué el amor es importante para la justicia? Ed. Paidós

[7] Menike, Karunawathie (1993). People’s Empowerment from the People’s Perspective. En: Development in Practice, Vol. 3, Nº 3, october, pp. 176 – 183

[8] Misdos Centavos (YouTube 16 julio 2013). Juan Domingo Perón: «Al amigo, todo; al enemigo, ni justicia» – https://www.youtube.com/watch?v=WDh9M9aty4U

[9] Constitución Nacional del Paraguay (1992). Artículo 28 “Del Derecho a Informarse”. Ed. BACCN

[10] “Caballo de Troya” expresión que se refiere a algo que aparentemente es positivo, pero que se convierte en un medio de destrucción para quien lo recibe.

[11] Cfr.: Bauman, Zygmunt (2022). Modernidad líquida. Ed. Fondo de Cultura Económica

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